No encontré una causa más justa que la de amarte. El ábaco impreciso se equivocaba de nuevo. No era yo, no eras tú. Habíamos de ser, sin duda, los dos. Sin más. Sin menos. El color de tus ojos en mis labios, mi sonrisa distante en tus mejillas, y las sábanas repletas de latidos y de besos. ¿Acaso no es esto lo que llaman amor?
Mi tendencia a resumir me hizo escribir en un papel tu nombre y el mío. Y la tinta recorrió indemne nuestros cuerpos ateridos de caricias y de luz a borbotones. ¿Quieres dar un paseo? A la izquierda mi alacena de hojalata, a la derecha mi camastro de madera, y en el centro sólo queda espacio para decirte, sin palabras, algo que ya sabes de hace tiempo.
Y para definir amor no nos hizo falta el diccionario ni las tablas de la ley ni el adusto gesto del gendarme. Bastó con perder la cuenta de abrazos en silencio, dejar a un lado el reloj y la clepsidra y olvidarse de la ajena consideración. Bastó con escucharte unos segundos, con sentir tu risa en mi costado, con alzar la vista y descubrir que no faltaba nada, que estabas tú.
Quise regalarte el pincel de mis huellas en tu casa, el rumor de la primera mirada, la leve sinestesia del que conoce el camino. También compré una caja repleta de amapolas, y un libro de páginas en blanco para que escribas, tras la fecha, que me quieres y te quiero. ¿Acaso no es esto lo que todos llaman amor?
Y si te has acostumbrado a mis versos, entreverados de tus manos y las mías, déjame que duerma pensando que es cierto, que tienen razón, que no es mentira. Y quédate a mi lado, y no dejemos nunca de llamarlo amor.
Mi tendencia a resumir me hizo escribir en un papel tu nombre y el mío. Y la tinta recorrió indemne nuestros cuerpos ateridos de caricias y de luz a borbotones. ¿Quieres dar un paseo? A la izquierda mi alacena de hojalata, a la derecha mi camastro de madera, y en el centro sólo queda espacio para decirte, sin palabras, algo que ya sabes de hace tiempo.
Y para definir amor no nos hizo falta el diccionario ni las tablas de la ley ni el adusto gesto del gendarme. Bastó con perder la cuenta de abrazos en silencio, dejar a un lado el reloj y la clepsidra y olvidarse de la ajena consideración. Bastó con escucharte unos segundos, con sentir tu risa en mi costado, con alzar la vista y descubrir que no faltaba nada, que estabas tú.
Quise regalarte el pincel de mis huellas en tu casa, el rumor de la primera mirada, la leve sinestesia del que conoce el camino. También compré una caja repleta de amapolas, y un libro de páginas en blanco para que escribas, tras la fecha, que me quieres y te quiero. ¿Acaso no es esto lo que todos llaman amor?
Y si te has acostumbrado a mis versos, entreverados de tus manos y las mías, déjame que duerma pensando que es cierto, que tienen razón, que no es mentira. Y quédate a mi lado, y no dejemos nunca de llamarlo amor.

6 comentarios:
te kieres creer que cuando puse la cancion me acorde de ti!!!!!!!!!!!!!!!!
te lo juro!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
recuerdo que el dia de la boda de la ermana de ale la puse y te encanto
muackkkkk
i love you amore
Hola Ignacio, quiero hacerte una pregunta. Pero me gustaría hacerla por el correo. Podrías escribirme porfa? mi mail es: jftinoco@hotmail.com
Gracias.
Buenas nene, esto pinta muy bien, sigue, un beso
He llegado a este blog. No es el primero donde encontré el artículo que después discutimos. Pero quería dejar un comentario y mi enhorabuena por esta prosa poética. Me ha encantado... seguiremos leyéndonos, si no hay inconveniente. Un saludo.
Hermoso.Espero que a quien está dedicado lo haya leído.Por experiencia sé,que es el último en enterarse.
Saludos desde Chile
Desde el Blog de "Un cura" llege hasta aquí, felicidades por este texto, es magnifico.
Un saludo
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